Impacto y retos normativos en España
En abril de 2025, la Unión Europea y el Consejo Europeo alcanzaron un acuerdo provisional sobre la nueva Directiva de Vigilancia y Resiliencia del Suelo, que podría marcar el inicio de una nueva etapa en la gestión ambiental del continente. El texto, pendiente aún de confirmación por ambas instituciones, establece por primera vez un marco común para evaluar y vigilar la salud del suelo en toda Europa, con el objetivo de lograr suelos sanos de aquí a 2050.
Las cifras ponen de relieve la magnitud del desafío y, en consecuencia, la urgencia de tomar medidas. Los suelos sanos son la base del 95 % de nuestros alimentos, albergan más del 25 % de toda la biodiversidad del planeta y constituyen el mayor almacén terrestre de carbono. Pese a todo, más del 60 % de los suelos de la UE se encuentra en mal estado y su degradación sigue avanzando debido a la contaminación, el sellado urbano y el cambio climático.
Esta nueva hoja de ruta, además de establecer un sistema de vigilancia, introduce principios para mitigar estos problemas y gestionar los riesgos de los terrenos contaminados de forma coherente en toda la Unión. Este término es clave, puesto que la Directiva habla de “terrenos contaminados”, no de “suelos contaminados”, ampliando el concepto más allá de la contaminación puntual regulada en España por el RD 9/2005, hacia la funcionalidad completa del suelo como sistema físico, químico y biológico.

De un enfoque reactivo a uno proactivo e integral
La nueva Directiva supone un cambio profundo en la manera de entender y gestionar este recurso esencial. Su objetivo es evaluar la salud del suelo en sentido amplio, incorporando propiedades físicas (compactación, sellado y erosión), químicas (nutrientes, salinización, contaminantes emergentes como PFAS y microplásticos) y biológicas (biodiversidad edáfica, contenido de carbono y resiliencia).
Este cambio de paradigma implica pasar de un enfoque reactivo —identificar y remediar problemas cuando ya han aparecido— a uno proactivo e integral que abarca la salud, la resiliencia y la sostenibilidad. No solo se trata de evitar contaminantes, sino de garantizar suelos capaces de sostener biodiversidad, servicios ecosistémicos, actividad agrícola y adaptación climática.
Se trata de una oportunidad y de un reto que va más allá de la descontaminación clásica. Y, en este sentido, Litoclean podrá posicionarse como un referente en soluciones para poder cumplir con los nuevos requisitos europeos.
Como señala Jenny Nilsson, directora de Procesos de Litoclean, el diagnóstico que plantea la Directiva podría compararse con una revisión médica completa. En lugar de limitarse a buscar una enfermedad específica (como la contaminación de fuente puntual, que sería equivalente a detectar un tumor), se utiliza un conjunto de pruebas (los descriptores) para valorar el estado general de todos los sistemas vitales (físico, químico y biológico). De ese modo, se mide el nivel de energía (carbono orgánico), la resistencia de los huesos (compactación) y la capacidad de filtrar y retener líquidos (retención de agua), asegurando que el “organismo” pueda seguir realizando todas sus funciones esenciales (servicios ecosistémicos) a largo plazo, mientras se vigila activamente el daño estructural (sellado y destrucción del suelo).
Dudas, desafíos y reflexiones
Habrá que ver cómo se transpone esta Directiva a la legislación española: ¿implicará una revisión profunda o incluso la derogación del RD 9/2005? España dispondrá de tres años para adaptarse, y será inevitable plantearse el futuro del Real Decreto, actualmente orientado a la gestión del riesgo.
La propuesta europea prevé un marco común de vigilancia ambicioso, que no está exento de desafíos. Algunos Estados miembros, como Alemania y Suecia, han advertido que podría generar cargas administrativas adicionales y procesos duplicados. Esto plantea la duda de si en España podría ocurrir algo similar y si ello afectaría a la agilidad en la gestión real.
En este contexto, surgen varias cuestiones clave:
- Revisión o derogación del RD 9/2005. ¿Se revisará, se derogará o se publicará una norma nueva adaptada a los requisitos europeos?
- Actualización de los NGR (Niveles Genéricos de Referencia). Estos valores, que permiten identificar concentraciones en el suelo con riesgo para la salud o el medio ambiente, llevan más de dos décadas sin revisarse. Aunque no hay anuncio oficial, la transposición podría ser una oportunidad para actualizarlos según el conocimiento toxicológico actual.
- Creación de un inventario público de terrenos potencialmente contaminados. ¿Cómo se gestionará la publicación de este inventario y cómo se compatibilizará con la confidencialidad de datos sensibles?
En cualquier caso, la transparencia será clave, así como también la protección de datos sensibles, especialmente en sectores industriales estratégicos. Surge así otra cuestión que deberá resolverse: ¿Cómo se equilibrará el derecho de acceso a la información con la confidencialidad de determinadas actividades y terrenos?
Hacia una gestión del suelo más sostenible y preventiva

La Directiva no solo afectará a la Administración. Para las empresas constituye una transformación estructural: implicará nuevas obligaciones, mayor necesidad de información sobre terrenos potencialmente contaminados, integración de criterios de salud del suelo en planificación industrial y urbanística, y una vigilancia más exhaustiva del desempeño ambiental. Pero, al mismo tiempo, abre la puerta a innovar, mejorar procesos y anticiparse a futuros requisitos, generando ventajas competitivas en sostenibilidad y gestión del riesgo.
En este nuevo escenario, las organizaciones especializadas pueden desempeñar un papel clave, acompañando a empresas y administraciones con diagnósticos integrales, análisis avanzados de riesgos, estrategias de remediación, soluciones innovadoras de regeneración, formación técnica y asesoramiento normativo. La Directiva ofrece la posibilidad de reorientar la gestión del suelo hacia modelos más resilientes, eficientes e inteligentes, pero exige conocimiento, rigor técnico y visión estratégica.
Europa ha dejado claro su objetivo: recuperar la salud del suelo europeo antes de que sea demasiado tarde. Prepararse para este cambio no solo es necesario, sino también una oportunidad para liderar la transición hacia una gestión del suelo más sostenible, preventiva y alineada con los retos climáticos y ambientales del siglo XXI.



