Gas radón y cáncer de pulmón: origen, riesgos, normativa y soluciones

El gas radón constituye, según la Organización Mundial de la Salud, la primera causa de cáncer de pulmón entre personas no fumadoras y la segunda entre fumadores, por detrás del tabaco. A pesar de su relevancia sanitaria, sigue siendo un contaminante poco conocido por la población general, en gran parte porque resulta imposible de percibir sin instrumentación específica: es incoloro, inodoro y no irritante.

En Litoclean trabajamos en la investigación, diagnóstico y remediación de suelos y subsuelos, ámbitos directamente relacionados con el comportamiento del radón en el terreno. Conocer el origen de este gas, los mecanismos por los que accede al interior de los edificios y las medidas disponibles para controlar su concentración resulta esencial tanto para profesionales del sector como para propietarios de inmuebles situados en zonas de riesgo.

¿Qué es el gas radón?

El radón (Rn-222) es un gas radiactivo de origen natural que se genera como producto de la desintegración del radio-226, presente a su vez en la cadena de desintegración del uranio-238. Estos elementos forman parte de la composición de la corteza terrestre de manera natural, aunque su concentración varía significativamente en función del tipo de roca y de suelo.

Al tratarse de un gas noble, el radón es químicamente inerte y posee una gran capacidad de migración a través de los poros y fisuras del terreno. Su vida media es de 3,8 días, tiempo durante el cual puede recorrer distancias considerables antes de desintegrarse y generar partículas alfa radiactivas —denominadas «hijas del radón»— que representan el verdadero riesgo para la salud cuando son inhaladas.

¿Cómo se origina el radón en el subsuelo?

La producción de radón está ligada a la presencia de uranio y radio en las formaciones geológicas. Los suelos y rocas con mayor potencial de generación de radón son:

  • Rocas ígneas graníticas: los granitos son especialmente ricos en uranio y constituyen las zonas con mayor emisión de radón en la Península Ibérica, particularmente en Galicia, el oeste de Castilla y León, Extremadura y el Sistema Central.
  • Rocas metamórficas: pizarras, esquistos y gneises pueden contener concentraciones relevantes de uranio, dependiendo de su roca madre original.
  • Suelos y sedimentos derivados: los materiales procedentes de la erosión de rocas graníticas y metamórficas conservan parte de su contenido en uranio, lo que convierte a los suelos residuales y aluviales de estas zonas en emisores potenciales.
  • Acuíferos asociados: las aguas subterráneas en contacto con formaciones ricas en uranio pueden disolver radón y transportarlo a distancias significativas. El consumo de agua de pozo o manantial sin aireación adecuada puede suponer una vía de exposición adicional.

Una vez generado, el radón se moviliza hacia la superficie a través de los poros, fracturas y discontinuidades del terreno. En espacios abiertos se diluye rápidamente en la atmósfera y no representa un riesgo apreciable. El problema surge cuando el gas alcanza espacios cerrados y mal ventilados, como el interior de edificios, donde tiende a acumularse.

Definición de zonas (Zonas 1 y 2) en función del presencia de Radón en el subsuelo. Fuente: Conceptos básicos sobre la modificación del CTE.

Gas radón y cáncer de pulmón: la evidencia científica

La relación entre la exposición al radón y el desarrollo de cáncer de pulmón está respaldada por décadas de investigación epidemiológica. Los estudios más relevantes incluyen:

  • Los trabajos realizados en minas de uranio durante la segunda mitad del siglo XX, que evidenciaron un incremento significativo de la incidencia de cáncer de pulmón entre los mineros expuestos.
  • El estudio europeo colaborativo publicado por Darby et al. (2005), que demostró un aumento del 16 % en el riesgo de cáncer de pulmón por cada 100 Bq/m³ de incremento en la concentración media de radón residencial.
  • Los informes de la OMS (2009) y de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), que clasifican el radón como carcinógeno del Grupo 1.

Cuando se inhala aire con radón, las partículas alfa emitidas por sus productos de desintegración impactan directamente sobre el epitelio bronquial, produciendo daño en el ADN celular. Este mecanismo es acumulativo: a mayor concentración y mayor tiempo de exposición, mayor es el riesgo. La interacción con el tabaco tiene un efecto multiplicador, motivo por el cual el radón supone un riesgo especialmente elevado para personas fumadoras.

¿Cómo entra el radón en los edificios?

Dado que el radón procede del subsuelo, las mayores concentraciones dentro de un edificio se localizan en las plantas inferiores: sótanos, semisótanos y plantas bajas. Al tener una densidad superior a la del aire, el gas tiende a permanecer en las zonas más bajas del inmueble.

Las principales vías de entrada del radón en los edificios son:

  • Fisuras y grietas en la solera y los muros en contacto con el terreno.
  • Juntas constructivas entre solera y muro perimetral.
  • Pasos de instalaciones (tuberías, canalizaciones eléctricas) que atraviesan el forjado sanitario.
  • Materiales de construcción con alto contenido en radio (poco habitual en España).
  • Agua de suministro procedente de captaciones subterráneas con radón disuelto.

La diferencia de presión entre el interior del edificio y el terreno —generada por los sistemas de calefacción, ventilación y el propio «efecto chimenea»— favorece la succión del gas desde el subsuelo hacia el interior. Por ello, los edificios con deficiente estanqueidad en la envolvente en contacto con el terreno son especialmente vulnerables.

Esquema conceptual: intrusión de vapores de gas radón en espacios cerrados. Fuente: LITOCLEAN

Normativa aplicable: el Código Técnico de Edificación

En España, la principal referencia normativa es la modificación del Código Técnico de Edificación (CTE), aprobada mediante el Real Decreto 732/2019, que incorpora la sección HS 6 «Protección frente a la exposición al radón» en el Documento Básico de Salubridad. Esta modificación transpone parcialmente la Directiva 2013/59/Euratom del Consejo de la Unión Europea.

El CTE establece un nivel de referencia de 300 Bq/m³ para la concentración de radón en el interior de edificios y clasifica el territorio nacional en zonas según el potencial de radón del suelo:

  • Zona I: municipios con valores entre 1 y 2 veces el nivel de referencia. Se exigen medidas de protección básicas (barrera frente al terreno).
  • Zona II: municipios con valores superiores a 2 veces el nivel de referencia. Se exigen medidas de protección adicionales (barrera + sistema de despresurización o ventilación específica).

Las exigencias se aplican a obras de nueva construcción, cambios de uso, reformas y ampliaciones que afecten a locales habitables en contacto con el terreno. Es importante señalar que la OMS recomienda un nivel de referencia más restrictivo, de 100 Bq/m³, y que varios países europeos ya han adoptado valores inferiores al español.

¿Cómo se mide el radón? Campañas de diagnóstico

La medición del radón es el paso imprescindible para evaluar la situación real de un inmueble. Se distinguen dos enfoques principales:

Mediciones puntuales

Permiten obtener valores instantáneos de concentración mediante equipos electrónicos portátiles. Son útiles para realizar una primera aproximación rápida o para identificar las principales vías de entrada del gas en un edificio. Sin embargo, no son representativas de la exposición media anual, ya que la concentración de radón fluctúa significativamente en función de la ventilación, la temperatura exterior y la estacionalidad.

Mediciones integradas de larga duración

Constituyen el método de referencia para evaluar la concentración media anual. Se emplean detectores pasivos de trazas (tipo CR-39 o similares) que se colocan durante un período mínimo de tres meses —idealmente entre seis meses y un año— en las estancias de uso habitual de la planta baja o sótano. Los detectores se envían posteriormente a un laboratorio acreditado para su lectura.

Adicionalmente, existen monitores de medición continua que registran la evolución temporal de la concentración de radón en intervalos cortos (horarios o diarios), proporcionando información detallada sobre los patrones de acumulación del gas y su respuesta a la ventilación.

Esquema conceptual de intrusión de radón y medidas de mitigación.
Fuente: Guía rehabilitación frente al radón, CSIC, 2020

Soluciones para mitigar el radón en edificios

El abanico de medidas disponibles para reducir la concentración de radón en el interior de los edificios incluye tanto actuaciones sobre edificios existentes como medidas preventivas para obra nueva.

Medidas en edificios existentes

  • Sistemas de despresurización del suelo (SDS): consisten en la instalación de un punto de extracción bajo la solera conectado a un ventilador que genera una depresión en el terreno inferior al edificio. Es la técnica más eficaz, capaz de reducir la concentración de radón entre un 50 % y un 99 %, dependiendo de las condiciones del terreno y la calidad de la ejecución.
  • Mejora de la ventilación: el incremento de la tasa de renovación de aire en las plantas bajas mediante ventilación natural o mecánica diluye la concentración de radón. Es una medida sencilla pero menos eficaz que los sistemas de despresurización, especialmente en climas fríos donde la ventilación permanente conlleva una penalización energética.
  • Sellado de vías de entrada: la impermeabilización de fisuras, juntas y pasos de instalaciones reduce el caudal de radón que accede al interior. Aunque por sí sola rara vez resulta suficiente, mejora significativamente la eficacia de otras medidas.
  • Presurización del espacio habitable: mediante la inyección de aire exterior se consigue que la presión interior sea superior a la del terreno, invirtiendo el gradiente que favorece la entrada de radón. Es aplicable en edificios con buena estanqueidad.

Medidas preventivas en obra nueva

  • Barrera anti-radón: lámina impermeable al gas instalada entre la solera y el terreno, con solapes sellados y continuidad en los encuentros con muros.
  • Cámara de aire ventilada: forjado sanitario o cámara bufa que permite la ventilación natural o forzada del espacio entre el terreno y la planta habitable, diluyendo el radón antes de que alcance el interior.
  • Preinstalación de despresurización: instalación de las conducciones y el punto de extracción durante la obra, aunque sin activar el ventilador, de modo que el sistema pueda ponerse en marcha si las mediciones posteriores revelan concentraciones elevadas.

La selección de la solución adecuada depende del diagnóstico específico de cada edificio: nivel de concentración medido, tipo de cimentación, condiciones geológicas del terreno, uso del inmueble y viabilidad constructiva de cada alternativa. Es por ello que resulta imprescindible contar con un diagnóstico profesional previo a cualquier intervención.

Instalación de barrera de protección (lamina antiradón). Fuente: LITOCLEAN S.L:

El papel de Litoclean en el control del radón

En Litoclean contamos con más de dos décadas de experiencia en la investigación y caracterización de suelos y subsuelos. Nuestro conocimiento de la geología, la hidrogeología y el comportamiento de los gases en el terreno nos permite abordar la problemática del radón con un enfoque integral:

  • Evaluación preliminar del riesgo potencial de radón a partir de la información geológica del emplazamiento.
  • Diseño y ejecución de campañas de medición adaptadas a cada escenario (viviendas, edificios públicos, centros de trabajo).
  • Interpretación de resultados y propuesta de medidas de mitigación o prevención, conforme a la normativa vigente.
  • Asesoramiento técnico a promotores, arquitectos y administraciones públicas en la aplicación del CTE HS 6.

Si necesitas evaluar la presencia de gas radón en un inmueble o un emplazamiento, contacta con nuestro equipo. Te ayudaremos a identificar la situación y a plantear las soluciones más adecuadas.

Esquema de sistema combinado de barrera de protección (A) y sistema de despresurizacion del terreno (C). Fuente: LITOCLEAN S.L

Preguntas frecuentes sobre el gas radón

¿Qué es el gas radón y dónde se encuentra?

El gas radón es un gas radiactivo de origen natural que se produce por la desintegración del uranio presente en rocas y suelos. Se encuentra en todo el planeta, aunque su concentración es mayor en zonas con sustratos graníticos, pizarrosos y metamórficos. En España, las regiones con mayor presencia son Galicia, el oeste de Castilla y León, Extremadura y áreas del Sistema Central.

¿Cómo se produce el gas radón?

El radón se genera de forma continua en el subsuelo como resultado de la cadena de desintegración radiactiva del uranio-238: el uranio se transforma en radio-226, y este a su vez en radón-222. Al ser un gas, migra a través de poros y fisuras del terreno hacia la superficie.

¿Cuál es la relación entre el gas radón y el cáncer de pulmón?

La inhalación prolongada de radón y de sus productos de desintegración provoca la irradiación del epitelio bronquial, lo que incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón. Según la OMS, el radón es la primera causa de cáncer de pulmón entre no fumadores y responsable de entre el 3 % y el 14 % de los casos totales, dependiendo del país.

¿Cuál es el nivel de radón considerado peligroso?

El CTE establece un nivel de referencia de 300 Bq/m³ para el interior de edificios en España. La OMS recomienda un nivel más estricto de 100 Bq/m³. A partir de 300 Bq/m³, la normativa exige la adopción de medidas correctoras en edificios existentes o preventivas en obra nueva.

La clasificación del CTE asigna un riesgo previo y obliga a aplicar medidas (básicas en Zona I y adicionales en Zona II) en obra nueva, cambios de uso y reformas, incluso si no se ha efectuado ninguna medición.

La medición sirve para verificar la concentración real, evaluar la exposición efectiva y justificar, si procede, ajustes o excepciones a las soluciones constructivas aplicadas o exigibles según normativa.

¿Cómo puedo saber si mi vivienda tiene radón?

La única manera de conocer la concentración de radón en una vivienda es mediante una medición específica. Se recomienda colocar detectores pasivos durante un mínimo de tres meses en la planta más baja habitada. Para un diagnóstico profesional, es aconsejable contar con la asistencia de empresas especializadas como Litoclean.

¿Se puede eliminar completamente el radón de un edificio?

No es posible eliminar la emisión de radón del terreno, pero sí se puede reducir su concentración en el interior del edificio a niveles seguros. Los sistemas de despresurización del suelo alcanzan eficacias de reducción de entre el 50 % y el 99 %. La clave es un diagnóstico adecuado y la selección de la solución técnica apropiada para cada caso.