La remediación de suelos es el conjunto de actuaciones técnicas destinadas a eliminar, reducir o controlar los contaminantes presentes en el subsuelo con el objetivo de devolver al terreno unas condiciones de calidad compatibles con su uso previsto y con la protección de la salud humana y el medioambiente. Se trata de una disciplina que combina conocimientos de geología, química, biología, hidrología e ingeniería, y que requiere un abordaje integral y riguroso adaptado a las condiciones específicas de cada emplazamiento.
Llevamos más de dos décadas dedicados a la investigación y remediación de suelos contaminados. Nuestra experiencia abarca desde emplazamientos industriales y portuarios en España hasta proyectos mineros y petroleros en Perú, México y otros países de Latinoamérica, y otros sitios ubicados en Europa y Oriente Medio.
En esta guía explicamos en qué consiste el proceso completo, qué técnicas existen y en qué circunstancias la ley obliga a actuar.
¿Qué es exactamente la remediación de suelos?
Proceso integral que abarca la investigación, la evaluación de riesgos, el diseño del plan de actuación, la ejecución de las técnicas de tratamiento y la monitorización posterior. El objetivo es alcanzar unos niveles de calidad aceptables en función del uso del suelo.
Esta tarea incluye fases de tratamiento o limpieza, es decir, a la aplicación de las técnicas que eliminan o reducen la concentración de contaminantes.
Según requiera, en el terreno también se pueden incluir labores de restauración: implica devolver el suelo a su estado original, incluyendo sus funciones ecológicas (capacidad de sustento vegetal, biodiversidad, regulación hídrica). Es un concepto más amplio que puede ir más allá de la simple eliminación de contaminantes.
Depende del contexto normativo aplicable al sitio tratado, al igual que los objetivos o alcance que se plantee alcanzar.
Las obligaciones legales en los diferentes países suelen referirse a la remediación como proceso global, con objetivos de calidad definidos en función del uso del suelo (residencial, industrial, agrícola).
¿Cuándo es obligatoria la remediación de suelos?
La obligatoriedad de remediar un suelo contaminado depende del marco regulatorio de cada país y, en el caso de España, también de cada Comunidad Autónoma. A continuación se describen los principales escenarios.
España: Ley 7/2022, Real Decreto 9/2005 y Reglamento del Dominio Público Hidráulico
En España, la gestión de los suelos contaminados y de su remediación se articula a través de un marco normativo que integra tanto la legislación de suelos como la normativa de protección de las aguas subterráneas, fundamentalmente mediante la Ley 7/2022, el Real Decreto 9/2005 y el Reglamento del Dominio Público Hidráulico (RDPH), en su versión actualmente consolidada.
De forma resumida, el sistema funciona del siguiente modo:
- Las actividades potencialmente contaminantes del suelo, recogidas en el Anexo I del RD 9/2005, están obligadas a presentar un Informe de Situación del Suelo (ISS) ante la Comunidad Autónoma competente.
- Cuando el ISS u otras investigaciones evidencian concentraciones de contaminantes superiores a los Niveles Genéricos de Referencia (NGR), debe realizarse un Análisis Cuantitativo de Riesgos (ACR), como herramienta central para la gestión del suelo basada en el riesgo.
- Si el ACR concluye que existe un riesgo inaceptable para la salud humana o el medioambiente, el suelo puede ser declarado contaminado, recayendo sobre el propietario o el causante la obligación de ejecutar las actuaciones de recuperación o remediación necesarias.
- La Ley 7/2022 contempla asimismo la posibilidad de una descontaminación voluntaria, que permite iniciar actuaciones de recuperación sin necesidad de esperar a una declaración formal de suelo contaminado. No obstante, estas actuaciones no pueden iniciarse de forma automática, sino que deben desarrollarse conforme a un proyecto de descontaminación previamente evaluado y aprobado por la administración competente.
- En paralelo, la protección de las aguas subterráneas se regula a través del Reglamento del Dominio Público Hidráulico, que tras las modificaciones introducidas en 2023 —con la aprobación del RD 665/2023, aspecto que Litoclean analizó en detalle tras su entrada en vigor— incorpora un capítulo específico para la gestión de la contaminación puntual, así como valores genéricos de referencia, algunos de los cuales han sido actualizados posteriormente. Este marco introduce un enfoque de gestión que combina la evaluación del riesgo con la protección del recurso natural, estableciendo criterios más restrictivos que los aplicables exclusivamente al suelo, al no permitir que la alteración generada en una parcela se propague fuera de ella en concentraciones superiores a los valores asociados al VGI (valor genérico de intervención).
En consecuencia, la obligatoriedad y el alcance de la remediación en España no dependen únicamente de la declaración de suelo contaminado, sino del conjunto de obligaciones derivadas de la normativa de suelos y de aguas, siendo la protección del recurso hídrico un elemento determinante en la definición de los objetivos y límites de la remediación.
Para más información sobre estos cambios normativos, te invitamos a visitar el blog en el que Litoclean analizó en detalle la entrada en vigor de los cambios que afectan el Reglamento del Dominio Público Hidráulico.
Unión Europea: Directiva de Responsabilidad Medioambiental
A nivel europeo, la Directiva 2004/35/CE sobre responsabilidad medioambiental establece el principio de «quien contamina, paga» y obliga a los operadores a prevenir y reparar los daños medioambientales, incluida la contaminación del suelo. Cada Estado miembro ha transpuesto esta directiva con distintos grados de exigencia.
Casos en latinoamérica: normativa en Perú y México
En Perú, los Estándares de Calidad Ambiental para Suelo (ECA Suelo), aprobados por el Decreto Supremo N° 011-2017-MINAM, en el que se aprueban Estándares de Calidad Ambiental (ECA) para suelo, y el Decreto Supremo N° 012-2017-MINAM, que establece los Criterios para la Gestión de Sitios Contaminados. Bajo este último decreto, cualquier referencia previa al «Plan de Descontaminación de Suelos» (PDS) debe entenderse como Plan dirigido a la remediación (PdR). La obligación de realizar acciones de remediación no aplica si la superación de los ECA Suelo es inferior a los niveles de fondo, que son las concentraciones de origen natural o ajenas al sitio en evaluación.
En México, la normativa de referencia es la NOM-138-SEMARNAT/SSA1-2012, que fija los límites permisibles de hidrocarburos en suelos y las especificaciones para su remediación. La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) regula las autorizaciones de técnicas de tratamiento.
Las cinco fases de un proyecto de remediación
Independientemente del tipo de contaminante o de la normativa aplicable, todo proyecto de remediación del subsuelo suele seguir un esquema secuencial de cinco fases. En la práctica, estas fases pueden solaparse o iterar, pero su lógica siempre es la misma: investigar antes de actuar, y monitorizar después de intervenir. Las denominaciones de estos pasos pueden cambiar según el país o comunidad autónoma (en el caso de España).
Fase 1: Investigación preliminar
Consiste en la recopilación y análisis de la información histórica del emplazamiento: actividades industriales pasadas y presentes, sustancias utilizadas, incidentes ambientales documentados, cartografía geológica e hidrogeológica, y cualquier dato previo sobre la calidad del suelo. Esta fase no implica muestreo físico; su objetivo es identificar los focos potenciales de contaminación y orientar la investigación de campo posterior.
Fase 2: Investigación detallada (caracterización)
Se ejecuta un plan de muestreo que incluye la perforación de sondeos, la toma de muestras de suelo y agua subterránea a distintas profundidades, y su análisis en laboratorios acreditados. Los resultados permiten delimitar la extensión y concentración de la contaminación —tanto en planta como en profundidad— y definir el modelo conceptual del emplazamiento: tipo de contaminante, medio afectado (zona saturada, no saturada), vías de exposición y receptores potenciales. Con esta información vital se construye el modelo conceptual del sitio.
Fase 3: Evaluación de riesgos
El Análisis Cuantitativo de Riesgos (ACR) o la Estudios de Evaluación de Riesgos para la Salud Humana y el Ambiente (ERSA) evalúa si la contaminación detectada supone un riesgo inaceptable en función del uso actual o previsto del suelo. Se modelizan las vías de transporte de los contaminantes, y la potencial exposición que podrían presentar a éstos, receptores (humanos o ecológicos). Esto puede suponer contemplar vías de exposición como: ingestión, contacto dérmico inhalación de vapores, etc. A partir de estos valores, se calculan los niveles de riesgo para la salud humana y los ecosistemas. El resultado del ACR o ERSA determina si la situación es inadmisible y, por lo tanto, se requieren adoptar medidas para reducir este riesgo. Una de las medidas puede ser la implementación de una remediación. En este caso, es necesario, previamente definir los objetivos de limpieza específicos del sitio: los conocidos como SSTL (Site Specific Target Levels), objetivos de remediación, o niveles de remediación específicos (NRE). Alcanzar estas concentraciones asegurará una condición admisible para la salud humana y de los ecosistemas considerando las particularidades del sitio.
Fase 4: Diseño y ejecución de la remediación
Con los objetivos definidos, se elabora el proyecto de remediación, que incluye la selección de la técnica o combinación de técnicas más adecuada, el cronograma de actuaciones, los criterios de verificación y el plan de gestión de residuos generados. La ejecución puede extenderse desde semanas (para excavaciones y gestión ex situ) hasta varios años (para tratamientos biológicos in situ de contaminaciones extensas).
Fase 5: Monitorización y cierre
Tras la ejecución, se realiza un programa de monitorización para verificar que se han alcanzado los objetivos de limpieza y que la situación se mantiene estable en el tiempo. Cuando los resultados lo confirman, se emite el informe de cierre que acredita la finalización de la remediación ante la administración competente.
Técnicas de remediación de suelos: clasificación y aplicaciones
La selección de la técnica de remediación adecuada es una de las decisiones más críticas del proceso. Depende del tipo de contaminante, las características del suelo, la profundidad de la afectación, la presencia de aguas subterráneas, las restricciones de espacio y tiempo, el uso futuro del terreno y los condicionantes económicos. Las técnicas se clasifican según dos criterios principales:
Según el lugar de tratamiento
- In situ: el tratamiento se aplica en el propio terreno, sin necesidad de excavar el suelo. Minimiza la alteración del emplazamiento y suele ser más económico, pero requiere plazos más largos y un control riguroso del proceso. Ejemplos: bioventilación, inyección de oxidantes, fitorremediación, atenuación natural monitorizada.
- Ex situ: el suelo contaminado se excava y se trata en la superficie del mismo emplazamiento (on site) o se transporta a una instalación autorizada (off site). Proporciona resultados más rápidos y controlables, pero implica mayores costes de excavación, transporte y gestión. Ejemplos: biopilas, lavado de suelos, desorción térmica, estabilización/solidificación.
Según el tipo de tratamiento
- Tratamientos biológicos: utilizan organismos vivos —bacterias, hongos, plantas— para degradar, transformar o inmovilizar los contaminantes. Incluyen la biorremediación (biodegradación mejorada, biopilas, bioventilación, biosparging), la fitorremediación y la atenuación natural monitorizada. Son especialmente eficaces para contaminantes orgánicos como hidrocarburos, disolventes y pesticidas.
- Tratamientos fisicoquímicos: aplican procesos físicos o químicos para separar, destruir o inmovilizar los contaminantes. Incluyen la extracción de vapores del suelo (SVE), el lavado de suelos, la oxidación/reducción química in situ (ISCO/ISCR), la extracción multifase y la estabilización/solidificación. Son versátiles y aplicables tanto a contaminantes orgánicos como inorgánicos.
- Tratamientos térmicos: emplean altas temperaturas para volatilizar, destruir o vitrificar los contaminantes. La desorción térmica (250–550 °C) permite tratar compuestos orgánicos volátiles y semivolátiles, mientras que la incineración y la vitrificación (>1600 °C) se reservan para contaminaciones severas. Son eficaces pero energéticamente intensivos.
- Medidas de contención: cuando la eliminación de los contaminantes no es viable técnica o económicamente, se opta por confinar la contaminación para evitar su dispersión. Las barreras reactivas permeables, los sellados superficiales y los confinamientos hidráulicos son ejemplos habituales. No eliminan el problema, pero gestionan el riesgo a largo plazo.
En la práctica, es frecuente la aplicación de un tren de tratamiento que combina varias técnicas en secuencia —por ejemplo, extracción multifase seguida de biodegradación mejorada—, adaptando la estrategia a la evolución de la contaminación durante el proceso.
Factores clave para elegir la técnica adecuada
No existe una técnica universalmente mejor: la idoneidad de cada método depende de un análisis integrado de múltiples variables. Los principales factores a considerar son:
- Tipo de contaminante: los hidrocarburos ligeros responden bien a la extracción de vapores y a la bioventilación; los metales requieren estabilización o fitoextracción; los disolventes clorados pueden demandar una acción más intensiva (oxidación química o reducción).
- Extensión y profundidad: contaminaciones superficiales y localizadas son aptas para excavación y tratamiento ex situ; afectaciones extensas y profundas favorecen los tratamientos in situ.
- Características del suelo: la permeabilidad, la textura, el contenido en materia orgánica y la presencia del nivel freático condicionan la viabilidad de cada técnica.
- Plazos disponibles: si existe urgencia (por ejemplo, en operaciones inmobiliarias o requerimientos administrativos), se priorizan técnicas rápidas como la excavación; si hay margen temporal, los tratamientos biológicos ofrecen ventajas económicas y ambientales.
- Uso futuro del suelo: los objetivos de limpieza varían según el uso previsto. Un suelo destinado a uso residencial exige niveles de calidad más exigentes que uno con uso industrial.
- Sostenibilidad: en la valoración de la solución de remediación más viable técnicamente, se agregan criterios relacionados con el impacto ASG (ambiente, sociedad y gobernanza). Para ello, se busca optimizar los impactos positivos o minimizar los impactos negativos en aspectos como: consumo energético, generación de residuos, impacto a la comunidad en la que se lleva a cabo la descontaminación.
Nuestra experiencia en remediación de suelos
Abordamos cada proyecto de remediación desde un enfoque integral y multidisciplinar. Nuestro equipo está formado por profesionales de diferentes disciplinas: geología, química, biología, ingeniería, etc. Acumulamos experiencia en centenares de proyectos principalmente en España y Latinoamérica, pero también en otros puntos de Europa y Oriente Medio.
Entre nuestras capacidades destacan:
- Investigación y caracterización de suelos y aguas subterráneas contaminadas.
- Análisis Cuantitativo de Riesgos (ACR) para la evaluación de la necesidad de remediación.
- Diseño, ejecución y supervisión de proyectos de remediación con técnicas in situ y ex situ.
- Desarrollo e innovación a través de nuestro Centro de Innovación (CIL), donde ensayamos y optimizamos tratamientos a escala piloto.
- Gestión ambiental de residuos generados durante los procesos de remediación.
Si necesitas evaluar la calidad del suelo de tus instalaciones, dar respuesta a un requerimiento administrativo o ejecutar un proyecto de remediación, contacta con nuestro equipo. Te acompañamos en todas las fases del proceso.
Preguntas frecuentes sobre la remediación de suelos
¿Qué es la remediación de suelos?
La remediación de suelos es el proceso integral de investigación, evaluación de riesgos, diseño, ejecución y monitorización de las actuaciones necesarias para eliminar o reducir la contaminación presente en un terreno. Su objetivo es alcanzar unos niveles de calidad compatibles con el uso previsto del suelo y con la protección de la salud humana y el medio ambiente.
¿Cuánto tarda un proceso de remediación de suelos?
La duración varía enormemente según la técnica empleada y la extensión de la contaminación. Una excavación y gestión ex situ puede completarse en semanas o meses. Un tratamiento biológico in situ para una contaminación extensa por hidrocarburos puede requerir entre uno y cinco años. La monitorización posterior añade plazos adicionales.
¿Cuánto cuesta remediar un suelo contaminado?
Los costes dependen de múltiples factores: tipo y extensión de la contaminación, técnica seleccionada, profundidad de la afectación, presencia de aguas subterráneas y condiciones logísticas del emplazamiento. A modo orientativo, los tratamientos in situ suelen ser más económicos que los ex situ, y los biológicos generalmente menos costosos que los térmicos o fisicoquímicos intensivos.
¿Cuándo es obligatorio remediar un suelo en España?
La remediación es obligatoria cuando un suelo es declarado contaminado por la administración competente tras un Análisis Cuantitativo de Riesgos que determina un riesgo inaceptable. Las empresas que realizan actividades potencialmente contaminantes deben presentar informes de situación del suelo conforme al RD 9/2005 y la Ley 7/2022.
¿Qué técnicas de remediación de suelos existen?
Las técnicas se clasifican en biológicas (biorremediación, fitorremediación, biopilas), fisicoquímicas (extracción de vapores, lavado de suelos, oxidación química), térmicas (desorción térmica, incineración) y medidas de contención (barreras reactivas, sellados). La elección depende del tipo de contaminante, las características del suelo, los plazos y el uso futuro del terreno.



